
Todos, por suerte o por desgracia, hemos tenido noticias del cambio climático que azota, en mayor o menor medida, a nuestro planeta, especialmente en el último siglo. Pero, ¿cuánto sabemos en realidad del cambio climático?
El cambio que estamos viviendo en el clima no es el primero que se produce, ya que la humanidad ha tenido que sobrevivir a lo largo de su historia a otros cambios en el clima. Sin embargo, el cambio climático actual sí es el más grave en cuanto a la intensidad y rapidez con que se está produciendo. Y si otros cambios climáticos del pasado acabaron con algunas de las sociedades más avanzadas de la época, como los mayas o los anasazi, quién sabe qué consecuencias podría tener el cambio actual sobre nuestra civilización. En este sentido, la globalización, tan positiva en algunos aspectos, puede convertirse en un arma de doble filo, ya que mientras los anasazi o los mayas estaban aislados, cualquier sociedad actual está interconectada con el resto del mundo, y todos dependemos unos de otros, con lo que un cambio que afecte a determinados territorios acabará por perjudicar al resto del mundo, especialmente si estos territorios son un punto importante en la economía o en el comercio mundial.
Así pues, parece importante que debemos hacer lo posible por reducir a la mínima expresión las consecuencias del cambio climático. Y para eso hay que entender por qué se está produciendo dicho cambio en el clima.
Probablemente la mayoría de los lectores haya oído hablar del efecto invernadero de la Tierra. Dicho efecto consiste en que, una vez que el calor proveniente del Sol ha penetrado en la atmósfera, una parte de éste queda retenido en la Tierra, de modo que la atmósfera funciona como el plástico de un gigantesco invernadero que retiene parte del calor. Los gases de la atmósfera que retienen dicho calor se denominan “gases de efecto invernadero” y son, entre otros, el CO2, el metano, los CFC’s, etc, aunque sin duda el más influyente es el CO2. El efecto invernadero de por sí es beneficioso, ya que mantiene el planeta a una temperatura óptima para la vida (15ºC, mientras que sin él sería de -18ºC). Lo negativo es la intensificación del efecto invernadero que estamos viviendo en los dos últimos siglos. Y esta intensificación se debe a la ingente cantidad de CO2 liberada a la atmósfera por el ser humano desde la Revolución Industrial. Antes de las emisiones incontroladas, la atmósfera mantenía un cierto equilibrio debido a que la cantidad de CO2 emitido a la atmósfera era similar al CO2 absorbido por los océanos. Sin embargo este equilibrio se ha roto, y actualmente nuestras emisiones superan con mucho la capacidad de absorción de los océanos, lo que explica que en el último siglo la temperatura media de la Tierra haya subido casi 1ºC. Y de seguir con esta tendencia al alza, para finales de siglo la temperatura podría aumentar entre 1,8 y 6,4ºC. Así plasmada estas cifras no parecen muy escandalosas, pero sí lo son si pensamos que, hace 11.500 años, en la última glaciación, la temperatura media era sólo 5ºC inferior a la actual…y casi toda Europa estaba cubierta de hielo. Por tanto, no es difícil imaginar el panorama si la temperatura aumentase otros 5ºC, cifra nada descabellada según todos los indicios.
Y no es el aumento de temperatura la única consecuencia del cambio climático, sino que asistiremos también a un aumento notable del nivel del mar, con el hundimiento de gran cantidad de zonas habitadas actualmente, así como a un aumento de fenómenos naturales extremos (ya lo estamos viviendo) y otra serie de consecuencias de no menor importancia.
Y si ya el cambio climático es lo suficientemente grave como para que se preocupe por él el mundo entero, los ciudadanos españoles tenemos más motivos si cabe para poner todo nuestro empeño en mitigar sus efectos. Y es que la zona de Europa donde más afectará el cambio en el clima será precisamente en nuestro país, ya que asistiremos (de hecho ya lo estamos notando) a una expansión hacia el norte del clima semidesértico del norte de África. El sur de España “goza” del clima que tenía Marruecos hace un par de siglos, y parece muy probable que, de no mediar remedio alguno, no tardemos en codearnos con el mismísimo Sahara. Sin embargo, parece que esto no nos preocupa, que el aumento de temperatura es un problema menor comparado con otros “más cercanos”. Resulta curioso que otros países que ven la amenaza de cerca sí están tomándoselo en serio. Es el caso de Holanda, que ante la amenaza de una inundación provocada por el aumento del nivel del mar, sí tiene al medio ambiente entre sus temas principales, como no podía ser de otro modo. Pero parece que aquí no vemos la amenaza tan de cerca, quizá porque es más fácil palpar un riesgo por inundación que un riesgo por aumento de temperatura, o quizá simplemente porque una vez más iremos a la cola de Europa en cuanto a movimientos intelectuales se refiere.
Sea como fuere, está claro que debemos hacer mucho más de lo que ya se está haciendo por mitigar los efectos del cambio climático, y si bien la mayor responsabilidad está en manos de gobiernos y grandes empresas, somos los ciudadanos los que debemos presionar a dichos organismos. No cabe pensar que nosotros no podemos hacer nada, y delegar nuestra responsabilidad en órganos de mayor entidad. ¿No somos acaso nosotros los consumidores a costa de los que se enriquecen las empresas? ¿Y no se deben los gobiernos a sus ciudadanos? Partiendo de que la respuesta a ambas preguntas es afirmativa, es obvio que nosotros que nosotros tenemos una gran responsabilidad; somos los ciudadanos quienes debemos presionar tanto a empresas como a gobiernos para que tomen medidas a favor del medio ambiente, medidas que nos permitan mantener en lo posible el nivel de vida de que goza actualmente el ser humano y que, como ya hemos visto, está seriamente amenazado a corto y medio plazo.
Víctor Manuel Casares
SEC: Medio ambiente y deporte
CEL JSA Láchar-Peñuelas
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